Parece
que los tiempos de los trileros en la calle y su «¿dónde está la
bolita?», ya se han superado. Aquel juego que se usaba como estafa para
hacerse con el dinero de los confiados es cosa del pasado pero no su
esencia. El «arte» del engaño no ha desaparecido, sólo se ha adaptado a
los nuevos tiempos (internet y la telefonía) o se ha reciclado
(impostores de todo tipo).
Habitualmente se publican noticias que
sorprenden por la ingenuidad de sus víctimas o por el ingenio de los
ladrones. Los hay conocidos por todos, como el timo de la estampita.
Otros casos se comentan en la tertulia y las redes sociales sin que se
acabe de saber muy bien si son reales o una leyenda urbana. Los bulos se
propagan más rápido que nunca en la era de la comunicación instantánea.
Sin
embargo, casi...