
"Volveremos a llamarle”. Carlos León encajaba la amenaza antes de
colgar el teléfono sabiendo que inexorablemente se cumpliría al día
siguiente a la misma hora. El cobrador que le exigía el pago de una
deuda de 23 euros con una compañía telefónica llamaba todos los días a
las nueve de la mañana. Así durante dos meses. Un juez acaba de
dictaminar que este usuario fue “intimidado de forma constante” por la
compañía de cobro Konecta para obligarle a pagar. El magistrado condena a
la empresa de telefonía a pagar 900 euros, que él ya ha donado a la
asociación de consumidores que le apoyó en el caso. “El dinero no me
importa, es algo simbólico”, afirma León triunfante con la sentencia en
la mano.
La resolución no es común. Muchos...