26 de noviembre de 2011


“La mafia me da asco, no me da miedo”. Así habla Antonio Anile, un exempresario italiano que hace apenas una década ganaba más de 200.000 euros anuales y que hoy si se compra un paquete de tabaco no le queda después para café. Anile es una de las miles de víctimas que sufren cada año los efectos de la usura, una práctica que ha provocado el cierre de unas 242.000 empresas en Italia en los últimos tres años y que vive en tiempos de crisis un especial auge ante la falta de liquidez.