27 de noviembre de 2016

Burundanga, el aliento del diablo

El polvo blanco al que recurren cada vez más delincuentes para robar o violar a sus víctimas actúa en pocos minutos, su efecto es devastador y su rastro es imposible de detectar en análisis clínicos a las pocas horas de haber sido consumido. A pesar de que la palabra protagoniza cada vez más titulares en medios de comunicación, expertos de distintos campos estrechamente relacionados con las drogas con los que hemos hablado afirman que no existe una única sustancia llamada Burundanga. 



La Burundanga no es la sustancia en sí, sino el nombre que se le da a los efectos de pérdida de voluntad y memoria que ésta provoca. ¿Cuál es la sustancia que provoca estos efectos? No es solo una, son muchas. LAS LLAMADAS “SUSTANCIAS DE SUMISIÓN” SON LAS QUE PROVOCAN PÉRDIDA DE VOLUNTAD Y MEMORIA. PUEDEN SER SINTÉTICAS O NATURALES. 

Una de las más comunes la tenemos al alcance de la mano. Se llama escopolamina y es uno de los principios activos que contienen las plantas solanáceas como el Estramonio, que es capaz de crecer en cualquier zona templada del planeta, sobre todo en terrenos baldíos, escombreras, orillas de ríos, establos o estercoleros. 

Esta planta venenosa, que nos ha resultado de lo más sencillo localizar en los alrededores de Madrid, ha sido utilizada durante siglos por sus cualidades psicoactivas en rituales, ceremonias, medicina casera y elaboración de fármacos. En dosis muy pequeñas tiene fines medicinales, en dosis mínimamente superiores a la recomendada desencadena el efecto burundanga y si se consume más de la cuenta es tan tóxica que puede provocar la muerte. De hecho, el margen es tan estrecho que hablamos de tan solo unos pocos miligramos de diferencia entre su uso terapéutico y mortal.

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