
El día de su boda, Leonardo y Adriana amanecieron con un mazazo inesperado. El jefe de la empresa de catering que iba a ofrecer el convite y uno de sus hijos habían fallecido en una accidente en la cocina. Recibieron un e-mail de la empresa sobre las 4.30h informando del suceso y de que no podrían prestar el servicio esa tarde. Los novios, en estado de shock, trataron de contactar a la empresa durante todo el sábado. Habían pagado 1.500 euros de adelanto, faltaban apenas unas horas para el evento más feliz de sus vidas y estaban vendidos. Insistieron al teléfono sin obtener respuesta. Finalmente pudieron contratar a otra empresa in extremis y celebrar su boda junto a sus 40 invitados pasadas las 9 de la noche en la finca...